Ginecología-Obstetricia.

(1. Labios Mayores, 2. Labios Menores, 3. Capuchón del Clítoris, 4. Clítoris,
5. Introito Vaginal)
El flujo o secreción vaginal (antes llamada “leucorrea”) en condiciones normales cumple las funciones de lubricar la vagina, mantenerla húmeda, protegerla contra las infecciones y sacar al exterior células muertas y detritus.
Este flujo vaginal normal tiene un aspecto distinto según el día del ciclo menstrual en que se encuentre la paciente. A veces es de color gris claro y se asemeja al agua de coco y otras veces es transparente muy parecido a la clara de huevo. Su olor es característico pero nunca deberá ser desagradable, ni tener mal olor. Tampoco debe producir síntomas o molestias tales como ardor, picazón o irritación.
Ahora bien, no es raro que algunas mujeres se quejen de tener un flujo vaginal más abundante de lo usual y que este no le produce molestias, únicamente las hace sentir muy húmedas.
Esto no quiere decir que necesariamente tenga una infección vaginal. El flujo vaginal abundante casi siempre es una consecuencia del estado hormonal de la paciente. Claro está que para comprobar si realmente existe una infección recomendamos hacer un cultivo de secreción vaginal.
Se conoce con el nombre de “vaginitis” a toda infección vaginal. Sin embargo, el término “vaginosis” se reserva para un tipo de infección vaginal producida por un microorganismo llamado gardnerella vaginalis.
Otro tipo de infección vaginal muy común es la producida por los hongos como la cándida albicans. Las vaginitis bacterianas son las producidas por bacterias. Entre ellas tenemos a la e. coli, los estafilococos, gonococos y los estreptococos, entre otros. En la vaginitis por parásitos encontramos a las tricomonas y algunos helmintos. En la vaginitis por infecciones virales encontramos a los virus del herpes genital y el del papiloma humano.
La gran mayoría de estas infecciones vaginales se transmiten por medio del contacto sexual, aunque otras por una higiene íntima inadecuada, por mal uso de medicamentos como los antibióticos y por ciertas enfermedades que predisponen a una vaginitis como la diabetes y la insuficiencia renal.
El uso frecuente de lavados vaginales, de jabones o de soluciones irritantes (que no son antibacterianas), así como la automedicación, pueden predisponer a una vaginitis crónica.
Las niñas y toda mujer en general debe aprender a lavarse y a limpiarse correctamente sus genitales. La forma correcta es de adelante hacia atrás o bien, de la vagina hacia el ano. Nunca lo contrario. Las duchas o lavados vaginales, el uso constante o frecuente de óvulos y la introducción de los dedos en la vagina están contraindicados.